El Agave Tequilana Weber Azul que da origen a los tequilas de Destilados
Olé se cultiva en la región de los Altos de Jalisco, a 2100
metros sobre el nivel del mar y a un paso de Arandas.
Esta zona mantiene una temperatura fría y semiseca,
ideal para el desarrollo de nuestra materia prima. Las condiciones climáticas
y el suelo, mantienen fresco al agave y le proporcionan su olor y sabor característicos,
además de enriquecerlo con los azúcares y nutrientes que proporciona
esta tierra privilegiada.
Después
de la molienda, jugo y bagazo, junto con las mieles obtenidas en el cocimiento,
se depositan en grandes tinas de madera para dar paso a la fermentación,
en donde comienza un proceso natural cuidadosamente controlado y supervisado
día y noche, ayudado con levadura natural preparada con los mismos jugos
del agave y obteniendo el desdoblamiento de los azúcares de una
calidad insuperable.
La temperatura de la región de Los Altos de Jalisco beneficia considerablemente
el proceso de fermentación, ésta es una ventaja más
que la naturaleza le brinda a nuestros Tequilas.
Tras
una larga espera, nuestros jimadores cortan las pencas del agave con su 'Coa'
(hacha de mango largo y cuchilla redonda) y lo extraen de la tierra en su
plena madurez a unos 10 años de haberlo sembrado, para entregar al Rancho
la piña, única materia prima de nuestros tequilas.
Las
piñas de agave se cortan en cuatro a golpe de hacha y se depositan
en nuestros hornos de mampostería artesanales a la usanza tradicional.
El cocimiento y un lapso de reposo le dan al tequila el sabor exacto, cuando
el color ámbar de las mieles que se desprenden del agave lo indican,
dando por resultado una dulce y deliciosa pulpa.
Después
del cocimiento, la molienda se lleva acabo de forma artesanal y tradicional.
Este proceso marca el sabor característico del mejor tequila. En la
Tahona, pileta circular construida con una textura de piedra finamente diseñada
para extraer el jugo del agave sin ser maltratado, se muele con paciencia
arrastrando una gran rueda a base de piedra tallada. Vuelta tras vuelta,
con gran dedicación,
se extraen los jugos de las piñas cocidas para elaborar nuestros tequilas
al estilo hecho en casa.
Cuando
el mosto está en su punto exacto, se deposita en el alambique de cocimiento,
fabricado de cobre para conservar el sabor puro del tequila. Se calienta
a presión y su evaporación da por resultado un alcohol de la
mejor calidad, que pasa al alambique rectificador para volver a comenzar
un proceso
de calentamiento por medio del cual obtenemos un tequila blanco de óptima
calidad, cuidadosamente supervisado por el alambiquero.
El
tequila blanco, es depositado en barricas de roble que le dan ese sabor suave
y generoso, ahí reposa por más de 3 meses para obtener la clasificación
de Reposado, o por más de un año para obtener la de Añejo,
Ambos certificados por el Consejo Regulador del Tequila (CRT) así como
por nuestros Tequilier.